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La cuaresma es un tiempo fuerte de conversión que vivimos
los cristianos católicos, como preparación a la celebración de la pascua. En
el horizonte de la cuaresma está la celebración de triduo pascual, en la
semana santa. Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo constituyen el
misterio central de nuestra fe. Cuando tomamos en serio el camino de la
cuaresma lo hacemos para vivir ese proceso de muerte y resurrección en
nuestra vida. Morimos al pecado, al egocentrismo, al odio, al mal en todas
sus formas. Resucitamos a una vida nueva de gracia, amor, libertad, comunión
con Dios, entrega, alegría, perdón, donación, servicio. No podemos avanzar
en este proceso sin conciencia de lo que estamos haciendo, sino que es
necesario que pongamos toda nuestra atención y todo nuestro esfuerzo en una
adecuada preparación de nuestro corazón de tal manera que se dé esta
transformación en nuestra vida. Para eso es la cuaresma. Esta preparación
espiritual compromete todas las realidades de nuestra existencia y tiene un
objetivo muy claro: CONVERSION.
Conversión es el cambio de vida que se produce como fruto
del encuentro con Jesús. No hay nadie que se encuentre verdaderamente con
Jesús y su vida siga igual. Los pastores de Belén adoraron a Jesús y luego
regresaron por otro camino (Mt. 2,12), un grupo de pescadores se encontraron
con Jesús y al instante dejaron las redes y se fueron con Él (Mt. 4,20), los
enfermos venían a Él y Jesús los sanaba (Mt. 4,24), los pecadores venían a Él
y quedaban perdonados (Mt. 9,2), le presentaban sus muertos y Jesús los
volvía a la vida (Mt. 9,25) tan solo para mencionar algunos ejemplos. La
conversión verdadera no es solo que yo cambio como fruto de mi esfuerzo
personal, sino que Dios me cambia al encontrarme con Él y me da la fuerza que
a mí me hace falta para vencer el mal. Es la gracia y el poder de Dios el que
actúa dentro de mí haciéndome una nueva persona sana por dentro, reconciliada
con Dios, conmigo mismo y con los demás.
La cuaresma es para disponer el corazón a la acción
transformadora de Dios, para abrirme a Dios de tal manera que me cambie
totalmente desde adentro. Es para tomar el camino de Dios siguiendo los pasos
de Jesús, recibiendo la sanación del mal que nos daña y el perdón de los
pecados que nos matan. Ahora es el tiempo de volver a Dios y experimentar el
extraordinario milagro de la conversión en nuestra propia vida. Es hora de
reflexionar sobre nuestra vida y lo que Dios quiere de nosotros. Si lo
hacemos de corazón vamos a pasar de la tristeza al gozo, del vacío de Dios a
llenura de amor en los brazos de Papá Dios.
Si no hay conversión no hay motivo de celebración. La
celebración más grande no solo aquí sino en los cielos mismos será fruto de
ese cambio de vida, pues hay más alegría por un solo pecador que se convierte
que por cien que no necesitan conversión. Y aquí todos necesitamos
conversión.
En otras palabras si vamos a celebrar algo es la
conversión de nuestra vida gracias a la fuerza del amor de Dios manifestado
en Jesús. Dios no condena al hombre a la muerte sino que decide morir a sí
mismo con tal de rescatar al hombre. Luego derrama su Espíritu Santo en
nuestros corazones y se queda para siempre con nosotros. Quién de nosotros
puede seguir siendo el mismo después de esta extraordinaria manifestación de
amor? Que Dios nos conceda a todos en este tiempo experimentar la grandeza y
la fuerza del amor de Dios que hace nuevas todas las cosas.
PADRE JAVIER RIVEROS
Director de Programación
Radio Minuto de Dios - 107.9 FM
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