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TRANSFORMADOS POR JESUCRISTO  22 feb 2010

 

 

La cuaresma es un tiempo fuerte de conversión que vivimos los cristianos católicos, como preparación a la celebración de la pascua. En el horizonte de la cuaresma está la celebración de triduo pascual, en la semana santa. Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo constituyen el misterio central de nuestra fe. Cuando tomamos en serio el camino de la cuaresma lo hacemos para vivir ese proceso de muerte y resurrección en nuestra vida. Morimos al pecado, al egocentrismo, al odio, al mal en todas sus formas. Resucitamos a una vida nueva de gracia, amor, libertad, comunión con Dios, entrega, alegría, perdón, donación, servicio.  No podemos avanzar en este proceso sin conciencia de lo que estamos haciendo, sino que es necesario que pongamos toda nuestra atención y todo nuestro esfuerzo en una adecuada preparación de nuestro corazón de tal manera que se dé esta transformación en nuestra vida. Para eso es la cuaresma. Esta preparación espiritual compromete todas las realidades de nuestra existencia y tiene un objetivo muy claro: CONVERSION.

Conversión es el cambio de vida que se produce como fruto del encuentro con Jesús. No hay nadie que se encuentre verdaderamente con Jesús y su vida siga igual. Los pastores de Belén adoraron a Jesús y luego regresaron por otro camino (Mt. 2,12), un grupo de pescadores se encontraron con Jesús y al instante dejaron las redes y se fueron con Él (Mt. 4,20), los enfermos venían a Él y Jesús los sanaba (Mt. 4,24), los pecadores venían a Él y quedaban perdonados (Mt. 9,2), le presentaban sus muertos y Jesús los volvía a la vida (Mt. 9,25) tan solo para mencionar algunos ejemplos. La conversión verdadera no es solo que yo cambio como fruto de mi esfuerzo personal, sino que Dios me cambia al encontrarme con Él y me da la fuerza que a mí me hace falta para vencer el mal. Es la gracia y el poder de Dios el que actúa dentro de mí haciéndome una nueva persona sana por dentro, reconciliada con Dios, conmigo mismo y con los demás.

La cuaresma es para disponer el corazón a la acción transformadora de Dios, para abrirme a Dios de tal manera que me cambie totalmente desde adentro. Es para tomar el camino de Dios siguiendo los pasos de Jesús, recibiendo la sanación del mal que nos daña y el perdón de los pecados que nos matan. Ahora es el tiempo de volver a Dios y experimentar el extraordinario milagro de la conversión en nuestra propia vida. Es hora de reflexionar sobre nuestra vida y lo que Dios quiere de nosotros. Si lo hacemos de corazón vamos a pasar de la tristeza al gozo, del vacío de Dios a llenura de amor en los brazos de Papá Dios.

Si no hay conversión no hay motivo de celebración. La celebración más grande no solo aquí  sino en los cielos mismos será fruto de ese cambio de vida, pues hay más alegría por un solo pecador que se convierte que por cien que no necesitan conversión. Y aquí todos necesitamos conversión.

En otras palabras si vamos a celebrar algo es la conversión de nuestra vida gracias a la fuerza del amor de Dios manifestado en  Jesús.  Dios no condena al hombre a la muerte sino que decide morir a sí mismo con tal de rescatar al hombre. Luego derrama su Espíritu Santo en nuestros corazones y se queda para siempre con nosotros.  Quién de nosotros puede seguir siendo el mismo después de esta extraordinaria manifestación de amor? Que Dios nos conceda a todos en este tiempo experimentar la grandeza y la fuerza del amor de Dios que hace nuevas todas las cosas.


PADRE JAVIER RIVEROS

Director de Programación
Radio Minuto de Dios - 107.9 FM

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